CRISIS ENERGÉTICA TOTAL: PETRÓLEO Y ALIMENTOS

La globalización atraviesa un dramático momento: petróleo y alimentos se dispararon. El uno es energía para el mundo industrial, los otros son nuestra energía para sobrevivir.
La reciente cumbre de la FAO de poco ha servido para cambiar lo crítico de los alimentos. Su declaración final es un compromiso entre productores, consumidores e industrias de la alimentación.

En ambos problemas -alza del petróleo y de los alimentos- incide la vieja ley de la oferta y la demanda. Si sube la demanda (India y China) y ésta no puede satisfacerse, los precios suben. En  el marco de esa elemental relación giran gobiernos, grupos de presión, oligopolios empresariales y multinacionales, etc.

Uno de las causas de la escasez de alimentos se origina en los subsidios agrícolas. Por la “Farm Bill” de Estados Unidos (Ley agraria) inclusive se le paga al productor para que no cultive. De esta manera se ha logrado controlar muchas veces reducciones y alzas  bruscas de precios, pero ahora la Farm Bill es un grave impedimento. Súmense los subsidios agrícolas de la Unión Europea y se tiene un problema grave que el Grupo Cairns (por la ciudad australiana del mismo nombre) viene atacando, con razón, desde hace tiempo.

La acción de grupos ecologistas para impedir cultivos genéticamente modificados impidió incrementar la producción agrícola. Los ecologistas influyeron enormemente en los gobiernos, sin probar científicamente los presuntos perjuicios de ciertos transgénicos, pero sí frenaron drásticamente sus cultivos. Resultado: menor producción y empuje hacia arriba de los precios.

Otras acciones son también dañinas. Entre ellas cabe mencionar  escollos a la exportación, la práctica del minifundio y la prédica demagógica en contra de grandes extensiones agrarias por ser “latifundios”, renunciando así a uno de los principios básicos de racionalidad económica: la producción a gran escala con costos bajos.
El mundo tiene capacidad para encontrar un sano equilibrio entre oferta y demanda  alimenticia sin entrar en pánico, pero hay que hacer las cosas bien. De lo contrario, hambrunas y desastres están a la vuelta de la esquina. Veamos ahora la energía fósil.
Desde un cepillo de dientes hasta plásticos o un DVD, no serían posibles sin petróleo. Es una materia básica fundamental. Inclusive el gas natural -de creciente uso- es un derivado del petróleo, otro hidrocarburo.

La necesidad de petróleo crece y crece. Urge encontrar medidas para también equilibrar oferta con demanda antes de que el colapso arrastre hasta a los países productores de petróleo, los que ahora gozan de una aparente “jauja” por los altísimos precios, sin percatarse del efecto perverso que al final del camino encontrarán.

Tal como sucede con los alimentos, hay posibilidades de equilibrar la demanda energética. Lo primero es seguir procurando fuentes alternativas; lo segundo, forzar la producción para equilibrar a la demanda. Y este “forzamiento” mejor es que se lo haga ahora por consenso antes de que explosiones sociales que se irán acumulando generen situaciones impensables.  El petróleo se acabará algún día, pero en estos momentos -y por los próximos 200 años- hay oferta suficiente si se maximiza la producción en Arabia Saudita, Nigeria, Irak, Venezuela, en fin, en los grandes abastecedores.

Esta doble crisis –alimentos y energía- supera con creces al efecto de las hipotecas de EE.UU. y al calentamiento de la tierra; es más, las engloba y realimenta negativamente.
Bolivia ya no tiene margen para seguir viviendo en la ficción. El subsidio a los combustibles y al gas es una temible bomba de tiempo que tarde o temprano estallará y que ahora se hace cada vez más insostenible.


Publicado en fecha: 13 de junio de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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