BOLIVIA: INTEGRACIÓN Y GLOBALIZACIÓN

Repito lo que he manifestado desde hace décadas: tres son los objetivos esenciales básicos e históricos de la política exterior boliviana: a)seguridad e integridad territorial; b)búsqueda y consolidación de mercados externos; c)procurar cooperación y asistencia para el desarrollo. Cada ítem  puede desagregarse en muchos componentes menores.
 Veamos algunos elementos claves de la agenda de política exterior del futuro inmediato.

Procurar una salida soberana al Océano Pacífico seguirá siendo algo absolutamente permanente. Una mayor infraestructura será fundamental para abaratar costos y ser más competitivos en nuestro comercio exterior. El tema energético también seguirá siendo fundamental; las acciones políticas deberán orientarse hacia una genuina atracción de inversiones en el sector. La legítima posibilidad de nuestro país de ser la matriz energética del Cono Sur, tendrá que consolidarse con acciones concretas. Asimismo, una clara política de reducción de la producción de coca orientada hacia el narcotráfico y una lucha implacable contra las drogas, serán de naturaleza prioritaria en la política exterior boliviana.

En el marco de la universalidad de las relaciones diplomáticas, habrá que darle prioridad a los procesos de integración y a una sólida relación con los países vecinos, agregando progresivamente al resto de Latinoamérica, Europa, Asia y el mundo en su conjunto  La política con los Estados Unidos tendrá que ser de dignidad sí, pero también realista en función de los parámetros de la política mundial; al mismo tiempo, hay que asegurar ese gigantesco mercado para nuestras pequeñas y medianas industrias de exportación.
El desarrollo del Mutún y de la Hidrovía Paraguay-Paraná configuran una parte fundamental de la agenda de política exterior para este Siglo XXI.  Los impulsos a la agroindustria en el oriente y a la minería en occidente, serán prioritarios a fin de consolidar mercados y abrir nuevos mercados.

Una política exterior orientada al cambio cualitativo tendrá que asegurar a los potenciales inversores mecanismos de estabilidad jurídica y, además, una eficaz administración de justicia.

La presencia boliviana en organismos internacionales será siempre positiva, aunque sería conveniente una suerte de auditoría de beneficios y costos para decidir en qué organismos nos quedamos y de cuáles podríamos prescindir, tomando en cuenta el viejo refrán “quien mucho abarca poco aprieta”.

El ritmo de este tercer milenio es imparable;  a la actual demanda voraz  de materias primas de las dos grandes economías emergentes (China e India), se unen otros procesos positivos y negativos, tales como el actual temblor financiero en EE.UU. que amenaza con una fuerte recesión de enormes repercusiones en el resto del mundo.

Los retos para Bolivia seguirán siendo idénticos en los próximos  veinte años: perfeccionamiento de una democracia eficiente, desarrollo social y económico integral, plena inclusión de todos los sectores, adecuada presencia internacional. La globalización es inevitable; solamente se puede pronosticar que aumentará. La integración sudamericana seguirá siendo un desafío que espera resultados más tangibles.  Bolivia no podrá evadirse de ambos procesos; tendrá que  navegar en esas aguas con la mejor de sus brújulas. Deberá hacerlo procurando lo óptimo y desechando lo peor, aceptando lo posible y descartando ilusiones. Así, el país logrará en el futuro inmediato modificaciones sustantivas. Soñando, no se llegará a ninguna parte.


Publicado en fecha: 11 de abril de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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