SIN ESTABILIDAD JURÍDICA NO HAY NADA

Luís Pazos es presidente honorario del Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa (www.cisle.org.mx) de México. En su libro “El Derecho como base del Crecimiento”, revisa la historia y afirma: "Las sociedades más antiguas no son las más desarrolladas; el progreso depende de la estabilidad del derecho". Sabias palabras en verdad y que deben hacernos reflexionar seriamente aquí en Bolivia, donde mientras por un lado alardeamos de una consolidada estabilidad macroeconómica, a nivel jurídico tenemos una inestabilidad verdaderamente alarmante.            

Continúa Pazos: “Si no existe un entorno que estimule y garantice el crecimiento, una sociedad puede estancarse o retroceder con el pasar de los años. Hay sociedades relativamente nuevas, como la canadiense o la australiana y han alcanzado mayores niveles de crecimiento que muchas de las sociedades antiguas. El entorno jurídico, no la raza, ni la religión, ni el tiempo, es el ingrediente social que marcó durante el siglo XX las grandes diferencias”. Creo que este razonamiento se extiende también al tercer milenio que transitamos y urge aplicarlo  en Bolivia para consolidar pautas de progreso.  Al final y como afirma el autor que gloso, las leyes que rigen a una sociedad son las que determinan que ésta retroceda, se estanque o crezca. No en vano comunidades milenarias son hoy muy atrasadas y otras relativamente nuevas son altamente avanzadas. El “quid” de la cuestión estriba en la seguridad, en un ambiente jurídico generador de confianza.

Si, por un fortuito azar favorable, usted amigo lector mañana se saca el “gordo” de la lotería española con su premio millonario, lo más probable es que piense en depositar su flamante fortuna en un lugar seguro. Casi con certeza el nombre de Suiza saltará en su mente y probablemente guarde allí su plata. Usted ni siquiera sabe (yo no lo sé en este momento) quién gobierna ese pequeño gran país europeo ni le interesa; todo lo que sabe es que Suiza le ofrece garantías y solidez a su dinero. Si bien el caso helvético puede ser excepcional, es un hecho que cuando un país es depositario de la confianza colectiva sin fijarse en el gobernante de turno, ese lugar es casi el pináculo de la estabilidad. En  cualquiera de los países emergentes, lo más probable es que consulte quién está en el gobierno, qué piensan hacer con la economía, si habrán nacionalizaciones o privatizaciones, etc. Luego de una serie de averiguaciones, tal vez  usted guarde su dinero allí, tal vez no. Esta es la diferencia entre estabilidad e inestabilidad jurídica. A la hora de decidir cómo invertir o meter capitales, resulta fundamental.

Esto de la confianza se va perdiendo en Bolivia desde hace rato y en la coyuntura actual la pérdida se hace más vertiginosa. Si pasamos de la seguridad jurídica para guardar fondos a la del transporte, vemos que aunque Bolivia tenga (no es el caso hasta ahora) espléndidos corredores bioceánicos, un productor de Cuiabá -por citar un lugar de la Sudamérica interior circundante- lo pensará dos, cuatro y diez veces antes de mandar sus camiones por nuestro territorio, aún a sabiendas de que así ahorrará tiempo y dinero para llegar a puertos del Pacifico. La feroz manía bloqueadora y la incertidumbre sobre el tránsito normal en las carreteras bolivianas, lo más probable es que desaliente al productor de marras. Así son las cosas, guste o no.

De estos sencillos ejemplos podemos pasar a lo más complejo y el fantasma boliviano persiste: ningún país puede desarrollarse y lograr un cambio cualitativo sin reglas claras y permanentes que garanticen acciones, inversiones, tránsitos y procesos.


Publicado en fecha: 11 de mayo de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira