RECORDANDO QUE LA RAPIDEZ NO ES TODO

El 17 de diciembre de 2004 publiqué una nota (¡Ojo! La rapidez ya no es todo), donde criticaba la actual aceleración para hacer las cosas, esa antipática rapidez que quiere imponer sobre todos nosotros este mundo globalizado. Asimismo, mencioné la tendencia de un grupo cada vez más creciente de personas en el contexto internacional que se esfuerzan por intentar “desacelerar” sus vidas, hacerlas más llevaderas y más tranquilas. Concluía la nota expresando que “a mí me gusta hacer las cosas rápido, pero también me gusta tener tiempo para reflexionar y tomar energías. Me quedo con la opción "lenteja" si eso significa una vida mejor. Si hay que "desacelerarse”, lo haré.

Pues, bien, les cuento que hace muy poco Italia le rindió culto a la lentitud. Este país europeo, quinta potencia industrial mundial, tuvo una jornada de norte a sur dedicada a “pisar el freno” y que fue, justamente, llamada “Jornada de la Lentitud”.

El diario argentino “la Nación (20 de febrero, 2007) nos informa que la iniciativa vino desde Pavia mediante una asociación  que se denomina “El arte de vivir con lentitud”.
Prosigue la noticia: "La jornada estuvo dedicada a quienes tienen la prepotente sensación de que el mundo gira demasiado rápido para poder mantener un equilibro; un equilibrio que se vuelve cada vez más precario para quien vive y trabaja en nuestras ciudades, con tiempos tiranos y esfuerzos inhumanos, explicó Bruno Contigiani, presidente de la Asociación que dio vida a la celebración”. Conclusión de gran parte de los italianos participantes: es urgente reducir un poco la velocidad.

¿Qué tal amigos lectores? En Bolivia ya hay algunos que viven en el pico de las aceleraciones y casi siempre, por falta de organización y método o por hacerse los importantes. Convengamos en que un poco de lentitud es recomendable para no dejarse arrollar por la ola aceleradora  del mundo actual con su secuela de “stress”, úlceras, crisis nerviosas, divorcios, etc. La pausa es importante, el descanso también; hacer las cosas despacio a veces termina siendo más productivo, más útil para uno mismo y para la sociedad en su conjunto.

Me alegró saber que en Italia el movimiento de los “lentejas” progresa  -valga la expresión- aceleradamente. Espero que en Bolivia suceda lo mismo y que  no hayan tantos acelerados como ya tenemos en la actualidad, muchos de ellos al “fósforo”, hechos los importantes, apurados sin ton ni son. Vivamos un poco mejor, vivamos dosificando energías, corramos cuando de verdad sea necesario, marchemos lentos cuando conviene y cuando se puede, sobre todo  para tomarse así  una tregua  en el quehacer cotidiano y acumular esas energías para cuando verdaderamente se las precise.

Nada se gana con la rapidez, salvo problemas e inconvenientes, tal como las estadísticas ya lo están demostrando. Asimismo, no debe confundirse lentitud con eficiencia. Son dos cosas distintas. Muchas veces -recordemos- la lentitud firme, constante y serena de la tortuga, termina venciendo a la velocidad inconstante y errática de la liebre, como  metafóricamente nos enseñó la fábula inmortal de Esopo. Además,  se puede ser un rápido muy ineficaz que, por querer hacer las cosas pronto, las hace mal o las concluye mal y con resultados calamitosos. Vivamos en un mundo más controlado, menos fugaz; intentemos saborear el discreto y cautivante encanto de la lentitud creativa al comer, caminar, marchar, hasta en el trabajo.  Mejor nos irá en el balance final del día.


Publicado en fecha: 2 de marzo de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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