LAS “UTOPÍAS REGRESIVAS” DE JULIO SANGUINETTI

El ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, publicó el pasado 23 de mayo  en “La Nación” de Buenos Aires un artículo titulado “Las utopías regresivas” que bien vale glosar y comentar. El ex mandatario considera que –con excepción de Chile- poco es lo que hace América Latina por responder a los interrogantes básicos de la globalización y mucho menos, por insertarse plenamente en ella, aceptando sus desafíos, ventajas y desventajas.

Al respecto, afirma que “El resto (de América Latina) transitamos en medio de una gran dualidad de criterios, llenos de dudas, o abiertamente por viejos caminos ya trillados y abandonados”.  Y seguidamente afirma: “Es el caso de las nacionalizaciones bolivianas.

uando su Estado está recomprando plantas petroleras a Petrobras, por 112 millones de dólares, la pregunta obvia es ¿tiene sentido invertir en algo que ya está construido y produciendo y que está administrado por una empresa estatal de un Estado amigo y socio? ¿Es que no hay otros desafíos, en innovación tecnológica, en telecomunicaciones, en educación, que estén requiriendo con acuciosidad esos fondos destinados simplemente a transferir la titularidad de una propiedad sin aumentar ni un gramo la producción ni, seguramente, mejorar un dólar su rendimiento?”
Prosigue Sanguinetti: “La vieja utopía nacionalista subyace en lo profundo de una sociedad predispuesta a pensar que producirá mejor aquello que compremos para nuestro Estado, desalojando a un propietario extranjero. Ya ese sueño lo vivimos, en etapas diversas de nuestro desarrollo, y si en algunos momentos pudo tener su lógica, hoy -en el actual mundo globalizado- es tan anacrónico como un dinosaurio en la ciudad.

No reconocemos el ejemplo de China, que todos los días incorpora millones de ciudadanos a su mercado de consumo, aumentando su bienestar, sobre la base de una dinámica corriente exportadora que impulsa la inversión extranjera? En nuestro hemisferio, desgraciadamente, pueden más las lejanas consignas de un pasado que todavía nos condena, que estos ejemplos, rotundos, de nuestro presente. Sueños análogos se suman a la otra utopía -la revolucionaria- para llevar a Venezuela, dueña hoy de una gigantesca reserva monetaria de 24 mil millones de dólares, a soñar con que están en tiempos de la guerra fría y son la vanguardia de un socialismo de economía planificada en competencia con el mundo democrático de la economía de mercado”.

Y concluye: “Quien razone tal cual lo venimos haciendo, es de inmediato apostrofado de neoliberal, como si la apertura de las economías no fuera conciliable con Estados social democráticos, socialmente responsables. Europa es un ejemplo claro, lo es el Reino Unido, lo es Francia, lo es España, repúblicas de "centro" en que las rotaciones entre socialistas y liberales no han cambiado las reglas del mercado en el primer caso, ni derrumbado los sistemas de seguridad social en el otro. Naturalmente, dentro de una racionalidad asentada en el equilibrio macroeconómico... No basta, sin embargo, con no recaer en estos viejos errores. Hace falta sacudirse de una buena vez los fantasmas de estas utopías regresivas y asumir con convicción la idea de modernizarnos para tener un lugar en esta globalización que, con sus luces y sombras, llegó para quedarse”.

Que cada lector extraiga sus propias conclusiones. Yo me quedo con lo expresado por Sanguinetti.


Publicado en fecha: 1 de junio de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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