INTERVENCIÓN ESTATAL, MANEJO Y PROPIEDAD

A esta altura de los tiempos, nadie niega la necesidad de una sana intervención estatal cuando así corresponda. El problema es cuándo ejercerla y cómo ejercerla.

            El ex-canciller japonés Saburo Okita, es autor del modelo del pato volador que ya expliqué hace años (1992) y ahora lo reitero: "Como sucede con una ban­dada de patos, primero despega un país a los que se le suman luego los otros, tanto horizontal como verticalmente. Los que despegan tarde también se be­nefician del acceso a la tecnología y pueden crecer rápidamente si se establece una relación dinámica entre ellos". Se trata -en definitiva- de la interdependencia, del liderazgo tecnológico y de los efectos de arrastre, puestos en forma metafórica.

 Para Okita, los mecanismos del mercado no son infalibles; requieren la intervención del Estado a través de políticas de planificación. Lester Thurrow, del Instituto de Tecnología de Massachussets  y uno de los principales gurúes de la década de los 90 del pasado siglo, sostuvo oportunamente que "el mercado no tiene una propiedad auto correctora para mantener el sistema en crecimiento; por lo tanto el Estado debe intervenir para sacarlo de los períodos de recesión".  Según The Economist, "sin la mezcla correcta de Estado y mercado, los países nunca tendrán una infraestructura económica que estimule el crecimiento".
Hoy en día es importante el equilibrio entre estatismo y ausencia estatal. La misión del Estado es obtener un sano balance entre regulación e iniciativa privada. Alguien dijo alguna vez: “no queremos ser hijos del Estado, pero tampoco huérfanos”.

Como expresaba lúcidamente en su momento uno de los pioneros sobre el tema en Bolivia -José Ortiz Mercado- deben haber  meca­nismos de planificación, aunque la economía se maneje en un contexto liberal. Okita cree que los planificadores tienen que estar atentos para leer las señales del mercado; es necesario programar con las fuerzas del mercado y no en contra de ellas o en forma aislada. Un adecuado planeamiento gubernamental puede coadyuvar decisivamente en las tareas del cambio cualitativo: pasar  de una sociedad en vías de desarrollo a una en crecimiento e incorporarse así a la bandada de patos voladores.

Debemos retornar a la esencia de un Estado  que intervenga con sabiduría, no maniáticamente, a un Estado que  sea un leal árbitro entre desequilibrios socioeconómicos y brinde también elementos de seguridad, salud, educación, vivienda, justicia e igualdad de oportunidades.

En este contexto, el manejo  de la propiedad estatal es vital. Si recupero un auto y no sé conducir, mejor será que contrate un chofer para evitar chocar y destruir mi propiedad. Lo mismo acontece con el Estado: si se recupera algo para el país, hay que preguntarse con honestidad si el Estado lo puede manejar por si mismo en forma eficiente. Caso contrario, mejor será también contratar a alguien para que lo haga. No se renuncia a la propiedad; ésta será manejada adecuadamente por un tercero al que se le pagará sus servicios. Esto último -la capacidad o incapacidad de manejo- casi siempre se olvida y las conducciones estatales terminan dejando mucho que desear al querer manejar recursos naturales o empresas sin tener el conocimiento adecuado, generando así resultados catastróficos.


Publicado en fecha: 23 de febrero de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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