¿FRAGMENTACIÓN DE BÉLGICA, SEDE DE LA UE?

Los rumores de estos últimos días son cada vez más fuertes y señalan una alta posibilidad de fragmentación del Reino de Bélgica, lo que no deja de ser una paradoja, sobre todo si se considera que ese país es la sede de la Unión Europea (UE) y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), junto con otras entidades que tienen sus oficinas centrales allí.

Bélgica es un país próspero y altamente industrializado. En solamente poco más de 30.000 km2 conviven 10 millones de belgas, divididos casi matemáticamente por una línea al medio del territorio entre flamencos (norte) y valones (sur). Los primeros hablan un dialecto holandés y los segundos francés; ambas comunidades son autónomas y tienen sus gobiernos propios. La capital de Flandes es la misma capital del país, Bruselas, mientras la de Wallonia es Namur.

En el pasado, los que fueron discriminados como ciudadanos de segunda clase fueron los flamencos, pero ahora se dio vuelta la tortilla en todos los órdenes: el acelerado crecimiento de Flandes y su mayor tasa de natalidad, ha hecho que esta región sea hoy más rica que la de Wallonia y además la supera en población con el 58% del total.
Independiente de Holanda  desde 1830, Bélgica se encuentra en el punto de cruce intercultural  europeo de las últimas avanzadas de la latinidad  con el inicio del mundo germano. La Corona ha sido el gran factor unificador belga, pero parece que el Rey Alberto II ya no puede asegurar la endeble unidad; es más, hace meses que no se logra formar un gobierno nacional debido a la pugna regional entre Flandes y Wallonia.

Los flamencos se quejan del costo que les significa mantener a sus menos desarrollados compatriotas valones y creen que estarían mejor por su cuenta en una nación independiente.  A todo esto, el separatismo belga no tiene las connotaciones macabras de otras latitudes; se lo discute abiertamente en TV y diarios, hasta en clubes, cafés y bares. Por otro lado, quienes alientan la partición belga no son soldados ni guerrilleros, sino banqueros y empresarios que han sabido captar la opinión popular. Todo hace presumir, entonces, que si se concreta la división de Bélgica, ella se realizará pacíficamente, en una especie de versión mejorada de lo que fue la partición de Checoslovaquia entre checos y eslovacos.

No deja de ser una contradicción en sí, que la sede de la UE se fragmente, pero es una de las realidades del mundo globalizado y que se ha visto en forma recurrente en los últimos años. Frente a la globalización, cada vez más regiones y etnias buscan su propia identidad y su propio lugar bajo el sol. Este es un fantasma que ronda Europa. El caso belga asusta a todo el viejo continente, pues los ejemplos tienden a cundir y mañana escoceses, galeses, catalanes, etc., pueden también aspirar a ser independientes.

Aunque la semana pasada se divulgaron alarmantes noticias acerca del inminente separatismo  entre flamencos y valones, lo más probable es que el tema siga en tapete durante algún tiempo hasta lograr un arreglo que, al menos en el corto plazo, aminore las tensiones. Veremos qué sucederá en el futuro inmediato.  Por ahora, la creación de dos naciones sobre la base de la actual Bélgica es  una seria posibilidad y una “papa caliente”  para los 27 Estados de la Unión Europea.

Está visto que sea en el  subdesarrollo o en el  hiperdesarrollo, la unidad nacional no está garantizada; ella siempre será fruto de la voluntad común de las partes, jamás será fácil resultado de un ucase mágico.


Publicado en fecha: 28 de septiembre de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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