ESPAÑOLES: DE SUDACAS  EUROPEOS

A RECEPTORES DE SUDACAS

El término “sudaca”  ya tiene ingreso en el Diccionario de la Real Academia Española como adjetivo despectivo orientado a los sudamericanos, en particular a los inmigrantes hacia el país ibérico.

No recapitularé sobre las tristes escenas de estos últimos días, durante los cuales cientos  de compatriotas procuraban el último vuelo a Madrid. Recordaré -más bien- las épocas en que los “sudacas” eran estos mismos españoles, ahora soberbios por su nueva riqueza y que con tanto racismo menosprecian a nuestra gente.

Tiempo atrás y cuando me tocó  vivir en Suiza, España aún era la Cenicienta de Europa, medio africana, pobre y subdesarrollada. Sus más avanzados vecinos franceses acuñaron la expresión “Europa termina en los Pirineos”, esto es, sin considerar a las dos naciones atrasadas  allende las montañas: España y Portugal.

En ese entonces, España era exportadora neta de gente. Millones de españoles, particularmente oriundos de Galicia, partieron en busca de oportunidades. Hasta hoy, a los hispanos en general se los denomina “gallegos” en Argentina y se hacen innumerables chistes con ellos; también se los llama un poco despreciativamente “gaitas”, por su afición a tocar ese instrumento.

En Europa, los españoles del pasado reciente se desplazaron en busca de trabajo hacia las zonas de altos ingresos, particularmente Alemania y Suiza. Recuerdo cuando yo vivía en un hotel en Ginebra, el pavor que tenían todos los españoles que trabajaban allí por la súbita llegada de la policía migratoria, el temido “control de l’habitant” de los helvéticos. Si los suizos pillaban a un español sin papeles, lo ponían de patitas en la frontera aunque sea pleno invierno y con 20 grados bajo cero. Los españoles  eran los indeseables; vivían desesperados por no perder su trabajo o por que no descubran su situación ilegal. Lo he visto con mis propios ojos.

En medio de ese panorama, un viejo colega de la Cancillería me aconsejaba, mitad en broma y  mitad en serio, no hablar español en locales públicos de Suiza para evitarse inconvenientes gratuitos y que mejor era chapurrear un mediocre inglés o francés para pasar desapercibido. En la Europa Occidental de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado, los españoles eran sudacas “sui generis”.

Pero las cosas cambiaron. España pasó a formar parte de la Unión Europea juntamente con Portugal. Llegaron las inversiones, vino el progreso, se redujo el desempleo, se crearon nuevas fuentes de trabajo y se incrementó el ingreso por habitante. El crecimiento posibilitó mejores oportunidades y aquellos españoles que realizaban tareas menores pasaron a realizar tareas mayores o, simplemente, no quisieron más “humillarse” con labores menudas. Los sudacas de Bolivia y de otras partes, cubrieron ese espectro laboral.

Con el “boom” español, los sudacas ibéricos pasaron a ser europeos de pleno derecho, ganaron respetabilidad y muchos retornaron a sus regiones de origen. Esos  discriminados sudacas europeos de ayer ahora hacen escarnio de nuestros sudacas. En apenas 25-30 años, han adquirido comportamiento de nuevos ricos y petulancia, algo que inevitablemente viene cuando la prosperidad  llueve muy rápido.

Así están las cosas en 2007. Bien distinto era el panorama de los que ahora protestan por la llegada de nuestra gente, cuando su  propia gente era arrastrada por pasillos de hoteles y otros establecimientos europeos,   españoles sumisos y asustados  al descubrirse que sus papeles no estaban en orden…
Sudacas españoles de ayer, poderosos de hoy: recuerden y reflexionen; siempre hay  -y habrá- un “corsi ricorsi”.


Publicado en fecha: 6 de abril de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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