EL DRAMA DEL ENCLAUSTRAMIENTO

EN BOLIVIA Y EN EL MUNDO

A casi un mes pasado del Día del Mar, vale una reflexión. En el almibarado ambiente actual de las relaciones con Chile, espero que pronto La Moneda asuma conciencia y se allane a un entendimiento constructivo que termine, para siempre, con el drama nacional de nuestro enclaustramiento. Veremos qué pasa. Desconfío de los chilenos, pero deseo de todo corazón equivocarme en esta ocasión.

Al igual que en ciertas situaciones del mundo real, solamente el que ha sufrido una terrible experiencia comprende y tiene plena empatía (identificación mental y afectiva con el estado de ánimo de otro) por aquel que pasa por el mismo trauma. Así como solamente un asaltado entiende a otro asaltado o solamente una mujer violada  entiende a  otra mujer violada, en el duro marco de las relaciones internacionales solamente una nación enclaustrada puede entender y saber cómo se siente otra nación enclaustrada.

El resto de la comunidad mundial puede mostrar “comprensión”, pero no alcanza a comprender verdaderamente la totalidad del tremendo inconveniente que arrastra consigo –y para su desenvolvimiento- un país encerrado, un país alejado de los mares. Peor aún en el caso boliviano, prácticamente el único estado nacional en el planeta privado del mar por un conflicto bélico y por el Tratado de Paz y Límites (1904) que “terminó” la cuestión, al menos desde un punto de vista jurídico, aunque políticamente Bolivia ha seguido y seguirá reclamando su retorno al Pacífico.

Algunos arguyen que el tema marítimo está “pasado de moda” y que “hoy no es tan necesario un litoral”. Sin embargo, resulta que la propia Organización de las Naciones Unidas ha designado (ya tiempo atrás) un Alto Representante para atender los asuntos de los países en desarrollo sin litoral (http://www.un.org/ohrlls/). Si el tema fuera irrelevante, no existiría esta oficina pero como sin duda lo es, he aquí que  la misma se encarga de mostrar a la comunidad internacional los costos extras y las enormes desventajas que tienen por delante los países sin salida al mar. El Programa de Acción de Almaty (2003) -en cuya redacción tuve el privilegio de intervenir- refleja claramente lo expresado; es un documento oficialmente reconocido por la  Asamblea General de la ONU.

Hasta para tener una conexión estable y segura de Internet se hace imprescindible contar con soberanía marítima. El hecho de que Bolivia no la tenga y los cables submarinos no lleguen a una costa boliviana, nos perjudica en la calidad del servicio. Como este, hay muchos otros motivos del presente que obligan a mantener siempre la agenda marítima.
Hay 31 naciones en vías de desarrollo sin salida al mar: 15 en África, 12 en Asia, 2 en Europa Oriental y 2 en Sudamérica (Paraguay y Bolivia).  Todas ellas luchan por mejorar sus condiciones de vida y superar los obstáculos que se les presentan, algunos de ellos realmente dramáticos. Todos los enclaustrados nos encontramos en las manos de los llamados “países de tránsito” y en el caso de Bolivia, uno de ellos (Chile) es quien nos quitó el acceso al mar.

Bolivia sostiene tradicionalmente un perfil bajo en las reuniones de los países en desarrollo sin litoral, ya que en la retórica diplomática nacional, solemos repetir que Bolivia es una nación circunstancialmente privada de litoral. Correcta como puede ser la apreciación, el hecho desafortunado e incontrastable es que, mientras no haya una solución, atravesamos los mismos problemas de los países que están enclaustrados desde sus orígenes. Sí, la mediterraneidad es un drama y mayor drama si ha sido provocada por la fuerza. Debemos superar pronto esta situación.


Publicado en fecha: 13 de abril de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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