CUANDO LA LEY ES UN CHICLE…

Todos coincidimos en que una ley puede modificar a otra ley. No hay nada de misterioso en esto. Por otro lado, si cada vez que caprichosamente se quiere cambiar algo hay que modificar la ley, podríamos llegar al extremo de ser una república “chicle”, con normas tipo “comodín” que se estiran y cambian al calor de la conveniencia, sin nada estable ni permanente. Obviamente, cualquier estado colapsaría rápidamente si tal cosa se transforma en moneda corriente. Sin embargo y con pena, veo que es el caso boliviano en la actualidad y ya con varios antecedentes del pasado.

No es la primera vez –lamentablemente tampoco será la última- que en Bolivia se modifica una ley clara y precisa para satisfacer intereses de turno. Es el caso ahora con la prórroga concedida a la Asamblea Constituyente, cuando lo lógico hubiera sido cumplir lo estipulado por ley. Total, nuestro desventurado país ha estado sometido a muchos experimentos políticos fallidos; uno más (el fracaso de la Asamblea) no hubiera hecho mella,  pero sí dejará una marca la persistencia de lo inconstante, lo de mudar y trasladar plazos mediante argucias legales para satisfacer  determinadas coyunturas.
Y eso de que “las autonomías departamentales no podían tratarse si no se extendía la Asamblea Constituyente” me suena a cuento. Dichas autonomías tienen legitimidad plena dada por el voto popular y sí o sí, deben ser reconocidas, buscando –en este caso perfectamente justificable- el camino que las viabilice y concrete dentro del actual orden jurídico.

Si algo nos enseña la teoría política es que el sistema de toma de decisiones se refuerza cuando éstas son apropiadas y se debilita cuando son ineficaces. Asimismo, el proceso de ley por ley y cambio por cambio, revela una clara falla estructural de connotación perversa que debilita al sistema, lo hace frágil y vulnerable.

Si la Asamblea Constituyente no cumplió su mandato y -por lo visto hasta ahora- solamente logró un mamotreto confuso y casi enciclopédico, lo mejor hubiera sido terminarla al concluir el plazo legal previsto. Si más adelante se procuraba otra reforma constitucional, ella sería  siempre posible mediante Referéndum y previa recolección de firmas.

Lo hecho demuestra la inconsistencia –vulnerabilidad- de la institucionalidad democrática nacional; esto preocupa al simple ciudadano. Muy al viejo estilo altoperuano, ahora en agosto de 2007 el accionar de manipuladores y grupos de presión consigue su propósito.
No y no, la ley no es un chicle, la ley es la ley; sólo se la puede modificar cuando tiempo y circunstancias así lo hacen necesario para cimentar la estabilidad y el orden en el marco democrático que todos queremos preservar y debemos reforzar, de ninguna manera debilitar, como alarmantemente viene sucediendo.

La estocada pseudo legal ya tiene patente de consumada. Aun así, no es óbice para emitir -por muy estéril que sea- una protesta individual por este hecho que,  aunque formalmente no vulnera a la ley, la acomoda en función de tiempo y circunstancia. Ojalá al final esta prolongación termine bien. Caso contrario, sus impulsores y “aprobadores”, se harán pasibles del juicio de la historia.


Publicado en fecha: 10 de agosto de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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