¿BANCO DEL SUR? ¡YA PRÁCTICAMENTE LO TENEMOS!

Desde fines del siglo pasado se viene hablando del llamado “Banco del Sur” y últimamente diversos cónclaves presidenciales han vuelto a tocar el tema. Al comenzar su primer mandato, el Presidente Lula Da Silva ya se refirió al tema, allá por 2002, mencionando la necesidad de disponer de un “Fondo Monetario Sudamericano”.

La idea central entonces, reflotada ahora por el presidente venezolano Hugo Chávez & Cia., era disponer de un banco de segundo piso que no esté bajo el control directo o indirecto de los Estados Unidos, tal como sucede con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Sin embargo -y es curioso que no se los nombre en estos momentos cuando se están volviendo a reiterar estas propuestas políticas en el más alto nivel-,  cabe recordar que Sudamérica ya tiene desde hace décadas sus propios bancos de fomento autónomos. Específicamente, me refiero a la Corporación Andina de Fomento (CAF) y al Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA), este último inclusive con sede en  Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Ambas entidades cooperan activamente –y con sus recursos financieros- en los trabajos de la Iniciativa para la Infraestructura regional Sudamericana (IIRSA) y han financiado proyectos (o entregado préstamos) a todos los países miembros a lo largo de su existencia institucional.

Con el transcurso del tiempo, la  CAF creció espectacularmente, sobre todo en los últimos 15 años bajo la presidencia del compatriota Enrique García. Por su lado y en menor escala, FONPLATA ha seguido siendo un elemento valioso para promover el mejoramiento de la infraestructura en su área de influencia. Sin ir muy lejos, Bolivia se ha visto favorecida hasta el momento con casi 200 millones de dólares prestados por ese organismo, siendo el dinero para construir el camino Chané-Colonia Piraí (la ruta de la soya) uno de los últimos préstamos otorgados. Asimismo, la CAF ha prestado cantidades mayores y hace poco desembolsó fondos especiales para ayuda en el desastre de las inundaciones.

¿Cuál es la moraleja de todo esto? Muy simple: el banco del sur ya existe en la práctica; lo que hace falta es un mínimo de imaginación creativa para consolidarlo, transformarlo y hacerlo más dinámico e incluyente. Sea vía la CAF, vía FONPLATA o vía la fusión de ambos, el camino está trazado. Es por eso que me ha llamado la atención leer acerca de las últimas manifestaciones sobre este tema, cuando hace mucho que tenemos en la región dos organismos financieros propios y que no dependen de los Estados Unidos ni de su influencia directa.

Como decía el gran filósofo español José Ortega y Gasset, vayamos entonces a las cosas y basta de blá, blá. El banco del sur está prácticamente creado; resta darle funcionalidad y cambiar de rótulos, si ello cabe. Así de simple.


Publicado en fecha: 9 de marzo de 2007
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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