EL  PRESIDENTE Y SU “TERRORISMO MEDIÁTICO”

Terrorismo: dominación por el terror; sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror (Real Academia Española). Se trata del ataque a indefensos y  de una guerra invisible sin reglas ni ética.

El terrorismo es grave, no se lo puede esgrimir alegremente. Empero y de acuerdo a su ya inveterada costumbre de arremeter contra algo o contra alguien, el Presidente Evo Morales denunció (en varias ocasiones) durante sus viajes al exterior que en Bolivia había “terrorismo mediático” y últimamente volvió con sus ataques, esta vez definiendo a los medios de comunicación como sus “enemigos principales”.

Podemos coincidir en que algunos medios exageran, otros son sensacionalistas y así sucesivamente; inclusive hay medios que representan o reflejan determinados intereses, mientras otros tratan de ser lo más objetivos posibles. Esto es cierto tanto en Bolivia como en cualquier parte del mundo, pero ello no significa que sean “terroristas” o que practiquen el terrorismo. El diverso conglomerado de opiniones que –de múltiples maneras– informa, ilustra y comunica, es parte intrínseca del universo de la libre expresión, de la democracia; en suma, de la convivencia civilizada en donde se converge y se diverge en materia de opinión. Asimismo, los medios tienen la obligación de criticar y de comentar aquellas cosas que suceden, aquellas cosas que preocupan. Pues, bien, dichos medios cumplen en Bolivia con esas condiciones mínimas; no veo nada de terrorista en sus actitudes hacia el primer mandatario y su administración, salvo los fantasmas que él mismo se crea o que son fogoneados por su entorno. A lo mejor, quien sabe, Don Evo quiere solamente alabanzas, no quiere críticas ni controles; a lo mejor desea un mayor control de la prensa; por ahí intenta censurarla en el futuro inmediato.

En fin, frente a su actitud, todo es posible y cualquiera que sea el escenario, el resultado es el mismo: quiere  que no lo molesten. No sería extraño que su “abuelo sabio” residente en La Habana le haya inculcado estas ideas. Al fin y al cabo, en Cuba hace más de 40 años que una mordaza impide a los medios expresarse libremente.

Aparte del anunciado “boca a boca” de S.E., también dijo que ya tiene una cadena de radios a su favor, emisoras que habrían sido financiadas por su otro amigo del norte: Hugo Chávez. Si eso le satisface me parece bien, a lo que agregaría el Canal 7, mal llamado “TV Boliviana”, un simple vocero gubernamental. Por si esto no fuera poco, ahora intimida a los medios con sus declaraciones. Y sí que los ha intimidado, ya que –por lo menos que yo sepa– no ha habido mayores manifestaciones globales al respecto, ni de los gremios ni de los propietarios de los medios en su conjunto, tan sólo episodios aislados de legítima protesta. Si bien la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), se expidió recientemente en México, lo hizo de oficio y no por pedido expreso de los medios bolivianos.

El no aguantar críticas y esperar solamente alabanzas es típico de las dictaduras e inexistente en las  verdaderas democracias, dónde el gobierno de turno debe vérselas  diariamente con una prensa libre.

¡Qué lejos estamos de marchar hacia la institucionalidad con estas expresiones y amenazas! Qué lejos estamos de lo escrito por el prócer argentino Mariano Moreno (1778-1811), de rol decisivo en la Revolución del 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires y formado en la Universidad San Francisco Xavier de la ilustre Charcas. Moreno escribió para el periódico La Gaceta en 1811: ”El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; debe aspirar a que nunca puedan obrar mal; a que sus pasiones tengan un dique más fuerte que el de su propia virtud y que, delineado el camino de sus operaciones por reglas que no estén en sus manos trastornar, se derive la bondad del gobierno firme que obligue a los sucesores a ser igualmente buenos que los primeros, sin que ningún caso deje a éstos la libertad de hacerse malos impunemente”.

 

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