TERMINA EL MUNDIAL… Y SIN TECNOLOGÍA

El pasado mes de marzo expresé en una nota alusiva, que “se viene el mundial de fútbol pero sin tecnología”. Y sentencié: “La tecnología estará ausente del próximo mundial”. Pues bien, el augurio se ha cumplido. Ya estamos en la postrimería del máximo acontecimiento deportivo mundial y la acumulación de atrocidades arbitrales hasta el momento es cuantiosa, verdaderamente preocupante. A todo esto y muy suelto de cuerpo, el Presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) Joseph Blatter, sigue repitiendo que “el arbitraje es parte del juego”. Esto me parece inadmisible en un Siglo XXI pleno de maravillas tecnológicas.

Es tan, pero tan fácil aplicar tecnología al fútbol, que parece mentira no se lo haga hasta hoy, por lo menos en torneos como la Copa del Mundo. No cuesta nada tener un  monitor especial al lado del cuarto árbitro para observar jugadas dudosas y convalidar (o no) la falta correspondiente. El actual adminículo que usan para comunicarse es a todas luces insuficiente. Asimismo, hasta se puede pensar en incorporar un “chip” a la pelota para que este dispositivo marque con claridad cuando cruza la línea de gol o sale del campo de juego. Todo esto no implica gran gasto, tampoco pérdida de tiempo. En caso de duda, la consulta del árbitro al que observa en el monitor es cuestión de segundos y nada más.

Mientras el fútbol siga tan atrasado en materia de incorporación de tecnología, será difícil que reclute candidatos en el único gran mercado del mundo que aún le resulta esquivo: Estados Unidos, país tecnológico por antonomasia y donde a nadie le entra en  la cabeza que un referí sea “amo y señor” aunque convalide barbaridades, como tantas que hemos estado viendo a lo largo de este mes.

Al momento de hacer esta columna solamente tengo a los cuatro semifinalistas (Francia, Alemania, Portugal e Italia) y no imagino cuál será al final el campeón, pero de una cosa estoy seguro: los organizadores se han aplazado en tecnología; una vez más las garrafales fallas y fallos de los árbitros han enlodado a un campeonato mundial.

En todo caso, cabe reconocer que ha sido una enorme fiesta y una fiesta que llegó hasta el último confín del orbe. No en vano Kofi Annan, el ghanés Secretario General de las Naciones Unidas, afirmaba –con simpática sensación de envidia durante una entrevista al inicio del Mundial– que “mientras la ONU tiene 191 miembros (con Montenegro serán 192) la FIFA tiene 207”, dando a entender en forma tan explícita el enorme auge y  alcance global de este deporte popular que, por sus características, es el más barato y uno de los grandes entretenimientos en este nuestro planeta. Desde el enfrentamiento más humilde entre los que simplemente  se sacan su camisa y juegan contra los con camisa mediante una modesta pelota de trapo, hasta el atildado jugador profesional con botines de centenares de dólares, equipos lujosos y pelotas de última generación, al final  todos pueden jugar fútbol, deporte popular amado casi universalmente.

Pero así como el mundo evoluciona, el balompié no puede quedarse atrás so pretexto del “encanto del juego” y de las “variables inesperadas”. Si hay tecnología para que los resultados sean más justos y las decisiones de los colegiados sean correctas, es aberrante no usarla. Confío en que se haga de aquí a 2010 una campaña al efecto para que el próximo Mundial ingrese en una nueva etapa cualitativa del viejo juego de 22 hombres o mujeres, once contra once con una pelota y un único objetivo: llegar a la línea de gol del adversario y superarlo en tantos para lograr la victoria.

 

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