SE VIENE EL MUNDIAL DE FÚTBOL, PERO SIN TECNOLOGÍA

El fútbol –castellanización de “football”, literalmente balompié– ha sido definido como “pasión de multitudes”, “el deporte más hermoso del mundo” y otros ditirambos. Es –de lejos–  el juego más popular y también el más barato. Sin entrar en sofisticaciones, 22 muchachos pueden jugar al fútbol unos con camisa y otros sin camisa para diferenciar a los dos equipos de a once y punto. Inclusive se puede jugar descalzo y hasta con una pelota de trapo o rudimentaria. Claro que a medida que subimos, las exigencias son mayores, tal como ocurre en el agitado fútbol profesional de hoy en día, caro, exclusivo y altamente competitivo. Pero y en todo caso, queda como reflexión que se precisa muy poco dinero –casi nada– para un sencillo juego de fútbol de barrio.

Popular como sin duda lo es en América Latina, Europa y África, el deporte no lo es tanto en Oceanía y casi se lo ignora en Norteamérica. En Australia y Nueva Zelanda su  pariente, el Rugby –que se juega con pelota ovalada–, es más popular que el fútbol. En Estados Unidos son mucho más populares el llamado fútbol americano, el béisbol, el básquetbol y el hockey sobre hielo.

Pese a ingentes inversiones realizadas y a la llegada en su momento de jugadores estrella, sumando la realización de un Campeonato Mundial (1994), el fútbol no ha calado hondo en EE.UU. y parece que no lo hará, por lo menos en el corto plazo. Uno de los elementos –a mi modesto entender- que traba el desarrollo de la popularidad del fútbol en el país del norte es el sistema de arbitraje. En una sociedad tecnológicamente orientada como la estadounidense, observar a un señor  tipo juez supremo que hace y deshace en el campo de juego, que depende solamente de su propio criterio para decidir  y encima  tomar nota de que la propia Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA)  afirma que  la infalibilidad del referí  (y sus ocasionales tremendas fallas) “son parte del encanto del juego”, resulta algo totalmente fuera de entendimiento.

En pleno Siglo XXI, con parafernalia de todo tipo en la materia, resulta incomprensible que no se use la tecnología en el fútbol y se dependa del hombre de negro (ahora de varios colores) con sus dos colaboradores de línea. La incorporación del cuarto árbitro trajo algo de progreso, pero es a todas luces insuficiente. Lo lógico sería que ese cuarto árbitro siga las jugadas dudosas con  cámaras de TV y mediante un sistema de comunicaciones oriente al referí cuando  éste no pudo observar bien la acción, antes de que subjetivamente aplique penas o expulse jugadores “creyendo” que vio algo que no existió. Si equivocarse es parte del “encanto”, vayan a decírselo a un equipo eliminado por un fallo injusto o perjudicado por él…

Lo peor de todo es que es tan fácil y accesible la tecnología, que resulta hasta asombroso el retraso del fútbol en la materia. Recién en la próxima temporada la Unión Europea de Fútbol (UEFA) instaurará un sistema de comunicación del árbitro en el campo con el cuarto árbitro afuera. Algo es algo, pero aun así es muy, pero muy poco.

Así como hay aquellos fanáticos que siguen creyendo que lo único válido debe ser la decisión del referí –errada o no- habemos otros que queremos que el fútbol sea más justo, menos arbitrario –si vale la expresión- y que use tecnología disponible. Ello ni va a demorar el juego ni le quitará su encanto; hará simplemente que las decisiones sean justas y apropiadas.

Pero ya es tarde. En el segundo mundial de este tercer milenio, en el evento que en pocos meses se iniciará en Alemania, una vez más el todo poderoso árbitro será quien asuma la total responsabilidad por el resultado de los partidos de juego. La tecnología estará ausente del próximo mundial.


Publicado en fecha:
3 de marzo de 2006
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

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