PREOCUPANTE: LEGITIMIDAD HORIZONTAL

CADA VEZ MÁS DÉBIL

El 28 de mayo de 2004 publiqué una nota referida a los importantes conceptos de legitimidad vertical y legitimidad horizontal, en el amplio marco  de la legitimidad global de una sociedad organizada. Manifestaba en esa oportunidad: “ahora es común referirse a la legitimidad horizontal cuando ella se extiende a lo largo de todo el territorio de un estado nacional y entonces se puede afirmar que la legitimidad horizontal es razonable y adecuada. Cuando ella es inestable o de bajo nivel, se producen conatos de rebeldía a nivel de regiones o de etnias esparcidas en el marco interno de “x” comunidad política. Si la situación empeora, la propia sociedad política puede llegar a colapsar  o fragmentarse. Por legitimidad vertical los modernos politólogos entienden a aquélla que deriva de la manera en que sus líderes han sido elegidos. Si la raíz misma de su poder emana del pueblo, desde abajo hacia arriba, entonces se dice que la legitimidad vertical es alta. La legitimidad horizontal tiene cierta dimensión territorial, mientras la dimensión vertical tiene más que ver con  la  pirámide institucional de mando. Pero ambas legitimidades refuerzan el sistema con su solidez, o lo debilitan gravemente con sus carencias”.

Lo vertical  en Bolivia es mucho más fuerte hoy, casi dos años después, dado que por primera vez en mucho tiempo tenemos desde el 22 de enero de 2006 un gobierno elegido por mayoría absoluta y consecuentemente, con alta integración entre gobernante y gobernados, con alta legitimidad vertical. En cambio, resulta preocupante que sigan bajos los índices de legimtidad horizontal y que ellos tiendan inclusive a disminuir aún más y ya no solamente en la esfera que podríamos llamar nacional sino en la dimensión menor de lo “intranacional”, sobre todo si tenemos en cuenta los crecientes, desmesurados, demagógicos y exagerados pedidos de creación de nuevos departamentos a costa de la actual división política boliviana, con las graves consecuencias que ello podría acarrear al desmenuzar aún más una ya débil legitimidad horizontal.

       Como expresa el cientista político K.J. Holsti, la legitimidad horizontal tiene que ver con la fortaleza de la sociedad expresada en el nivel de cohesión, aceptación y tolerancia entre diferentes grupos y comunidades dentro de la comunidad. Asimismo, Holsti identifica la causa del colapso de un estado por la erosión de alguna de sus dos legitimidades. En el caso de nuestro país, tenemos una alarmante carencia de cohesión de la comunidad que se traduce en creciente debilitamiento de la legitimidad horizontal, aunque por ahora al menos se ha incrementado la legitimidad vertical. Muchas veces, políticas discriminatorias, mal llevadas a cabo o simplemente ineficientes, achican la lealtad de los pueblos y los divide a lo largo de lineamientos étnicos y regionales, acelerando así el posible derrumbe. La carencia, pues, de legitimidad horizontal es el principio de la desagregación; el que quiera mantener una unidad política debe hacer lo posible por revertir dicha falta de legitimidad, no por hacerla crecer. Espero que este tipo de situaciones extremas no prevalezca en Bolivia y por el contrario, la tendencia se revierta.

      Estamos a pocos meses de la Asamblea  Constituyente. Por tanto y salvo que se quiera tener un mamarracho como nueva Constitución o agregar factores centrífugos en lugar de crear un nuevo pacto social cohesivo, moderno y acorde con las realidades del Siglo XXI, es hora de que todos los bolivianos nos unamos sobre la base de un propósito común (un mejor país), haciendo realidad aquello tan repetido de memoria, pero tan sabio, de la unidad en la diversidad.

 

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira