HOGGIERS PAREJAS: “A LA SOMBRA DE LOS ALEROS”

He recibido con particular agrado –y con una linda dedicatoria– la nueva producción de mi buen amigo Hoggiers Parejas, sugestivamente titulada “A  la Sombra de los Aleros – Relatos Cruceños” (Sirena,  agosto 2006).

Ya el pasado 23 de diciembre de 2005 comenté su anterior libro premiado, “Santa Cruz, mi querencia encantada”.  Ahora nos deleita con esta producción que, una vez más, nos remonta hacia añoranzas del tiempo, hacia recuerdos que jamás debemos perder y por lo contrario, atesorar en nuestros corazones, cimentando así el amor al terruño local. Pero, además, hay temas de actualidad; todos ellos con aguda perspectiva.
Agradezco al autor la generosa cita a favor del suscrito en la primera parte del libro, como también la reproducción de la nota mencionada.

Como todo gran señor, Hoggiers es un hombre sencillo y va al grano. Sus escritos son frescos, ilustrativos, hechos para el buen saber de todos. Con esta producción, el autor prosigue su noble tarea de divulgar diversas inquietudes y costumbres del pasado cruceño, sin perder tampoco y por ello,  su espíritu crítico en torno a lo puntual, al diario vivir de este agitado  tercer milenio que ya lleva más de un lustro de existencia.

Es muy importante contar en la comunidad cruceña con el concurso de hombres de la talla de Hoggiers Parejas. Él –con unos pocos más que merecen mi admiración– son guardianes de nuestros recuerdos, celosos centinelas que velan para que la llama de la cruceñidad auténtica esté siempre flameando, siempre activa. Hay “progresistas” que no tienen interés en estas cosas y es una lástima, ya que pueblo sin recuerdos es pueblo muerto, como lo afirmé tiempo atrás.

Pero no, ciertamente no está muerto el espíritu cruceño y nunca lo estará mientras hombres como Hoggiers nos recuerden día a día, semana a semana, mes tras mes, la rica historia propia que tenemos, la pobreza del pasado y el progreso alcanzado en las últimas décadas sobre la base del trabajo, del esfuerzo, de la libre iniciativa. Guste o no, la prueba contundente del éxito del modelo cruceño de desarrollo se palpa todos los días en Santa Cruz de la Sierra y en la inmensidad del departamento. Hombres y mujeres que llegaron masivamente del interior encontraron aquí la paz,  el jornal y el mérito que no pudieron tener en sus propios pueblos nativos. Este crisol boliviano que ahora es la tierra oriental, refleja por sí mismo el contundente e irrebatible dato positivo de resultados concretos.

Pero hay que estar siempre alertas. Nadie le ha regalado nada a Santa Cruz, pero al mismo tiempo muchos envidiosos de la hora presente tratan de borrarnos o confundirnos la memoria del pasado, vaya uno a saber con qué fines. Puedo asegurar sí que no será así jamás, gracias a que seres como el autor que hoy gloso difunden perennemente nuestras sencillas pero hermosas costumbres.
Mientras la memoria colectiva de un pueblo permanezca fogoneada por sus buenos hombres y nobles mujeres, ese pueblo no morirá jamás. La identidad cruceña está fuerte.  Gracias a gente como Hoggiers Parejas, la fortaleceremos aún más.

 

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