LA VERDADERA Y SANA EXPANSIÓN INDIGENISTA

El que haya un gobierno indígena no me parece mal. Es parte del proceso de formación pleno de la nacionalidad boliviana, como también del proceso de integración interna que debe tenerse para amalgamar un país y proyectarlo al futuro. Para eso, hay que tener visión nacional e internacional y de esto carece el liderazgo actual. El indigenismo se está quedando con sus rituales o reintroduciéndolos, con la posibilidad inclusive de llegar a los sacrificios humanos si  la cosa sigue al ritmo presente… Por otro lado, vemos que el gobierno indigenista se está transformando en racista y excluyente, amén de hacer crecer rencores gratuitos con aquello de los 500 años y cosas por el estilo que se repiten a diario. Cuando al presidente Morales le encararon  recientemente el centralismo y algunos temas del pasado cruceño, en particular la masacre de Terebinto, expresó: “no me culpen porque yo no había nacido”. Bueno, pues, que él tampoco nos culpe a nosotros de lo pasado: ninguno estaba vivo hace 500, 400, 300, 200 o 100 años… Que mire hacia adelante. Es lo que se le pide, es lo que debe hacer, salvo que la consigna oculta sea distinta, en cuyo caso habrá que saberlo y pronto. En democracia, las cosas deben ser claras y con respeto a la ley. Si se trata de cambiar las reglas para instaurar un estado marxistoide-indigenista con hálito rancio, ya entramos en otro conflictivo terreno.

Si se hiciera una encuesta entre autóctonos, pero una encuesta de verdad y sin temor a represalias, estoy seguro que la gran mayoría optaría por tener acceso a Internet, aprender bien castellano, si posible aprender inglés e ingresar en el circuito de la economía formal para prosperar. Asimismo, todos –sea cual sea la etnia– pienso que se declararían bolivianos y parte de una sola nación. Sin embargo, la corriente predominante en el oficialismo es llevarlos si es posible al 11 de octubre de 1492, a un día antes del descubrimiento de América y de la llegada de los odiados colonizadores. Asimismo, hacer de Bolivia una “supra nación”, haciendo que las 36 etnias reconocidas se transformen en “naciones”. Faltaría agregar a ese  insólito caleidoscopio las “naciones”  blanca, mestiza, extranjeros que viven acá y ciertamente, los afros americanos. Llegaríamos al absurdo de 40 naciones, cuando la lógica señala que hay que estimular una sola, respetando diversidad, cultura y costumbres. Asimismo, hay que tener una sola ley y no leyes separadas por comunidades. No se puede retornar al pasado; Bolivia ya es parte de la comunidad democrática de Occidente.

Riccardo Campa, renombrado profesor italiano, manifestaba recientemente en “La Nación” de Buenos Aires: “Así como en Sudáfrica los negros consiguieron la igualdad con los blancos, en Bolivia los indígenas han conquistado la igualdad con los descendientes de europeos, y hasta los han superado, asumiendo el poder político como instrumento para dar consistencia a reivindicaciones del pasado. Si bien este proceso político resulta legitimado por el consenso de la mayoría, el criterio con el que Bolivia piensa hacer frente a los desafíos de la modernidad tiene, fundamentalmente, naturaleza genética. Pero la sociedad consumista exige una competencia de orden teórico-práctico, no derivada fácilmente de la pertenencia étnica. El esfuerzo por adquirir el conocimiento, la competencia, le permitirá a Bolivia tutelar su potencial energético, actualizándolo en el mercado global…” En otras palabras: el modernismo se impone y quien haga lo contrario, no favorece a los indígenas sino los perjudica. Y si no me creen, miren a la Sudáfrica de Nelson Mandela, miren a la India, dos países de extraordinaria versatilidad frente a las múltiples razas y etnias que habitan sus territorios. Sin embargo, ambas  naciones son únicas e indivisibles y así lo declaran solemnemente en sus Constituciones.

Pero volviendo al tema central y para concluir: gobierno indígena  bien; es parte del desarrollo político. Dictadura, ni  indígena ni de ninguna clase y tampoco la regresión. Nuestros “originarios” merecen integrarse con la tecnología y con el mundo, no deslizarse hacia un pasado irreversiblemente superado.

 

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