ENTRE RAMAS Y BOSQUE: LO BIFOCAL Y LO INTEGRADO

El ojo humano es una de las maravillas de Dios. Con el sentido de la visión no solamente podemos ver los colores de la naturaleza,  materia, gente y fauna sino también –por la doble visión que se aglutina en una sola– tenemos el sentido de la perspectiva, la profundidad de tres dimensiones. En los años mozos la vista es algo a lo que no se le da mucha importancia, se la considera como un simple “dato” del cuerpo. ¡Ah! Pero con el paso de los años vienen los inevitables “achaques” y uno de ellos se ceba con la vista, al margen, claro está, de que hay casos de problemas de visión desde la infancia, pero aquí hablo del ciclo normal de la vida y en éste, el ojo –al igual que otras partes de nuestro organismo– se desgasta.

Viene entonces  obligadamente el uso  de anteojos, que hoy los hay de todos los estilos y también como lentes de contacto. El adminículo nos ayuda a regular la visión. Muchas veces  el paciente termina usando bifocales, o sea,  anteojos con un espacio del lente para ver a corta distancia (como cuando se lee) y el otro espacio para la vista normal de largo alcance. Es una solución intermedia y nos hace perder el concepto integrado de visión, pero algo es mejor que nada.

Si pasamos del órgano de la vista a la percepción mental de las cosas, se puede ver que muchas veces el ser humano actúa como si tuviera permanentemente lentes bifocales, esta vez ya no en los ojos sino en su cabeza. O se va por las ramas –como vulgarmente se dice– y entra en detalles que lindan con lo grotesco perdiendo la perspectiva global o sucede lo contrario: navega por el bosque de las cosas observando en lontananza pero sin adentrarse en la problemática específica que encierra, Ambos enfoques son importantes desde ya, pero el verdaderamente fundamental es el enfoque integrado, aquél que me da la medida precisa del bosque y de la rama que hay en él, aquella visión que me proporciona lo más  de lo grande y lo mejor de lo chico.

Llegado el caso, oteo el bosque, llegado el caso oteo la rama, pero no debo perder nunca la visión integral. Solamente así puedo llegar al corazón del concepto, al punto preciso de mi procurado objetivo, a la comprensión total de lo que hay o de lo que debe hacerse.
Esto del enfoque integrado es importante sobre todo en los modelos de conducción política, económica y administrativa. Ciertamente, es fundamental en el conocimiento científico y en sus métodos de investigación: inducción (de lo particular a lo general)  y deducción (de lo general a lo particular).

El exceso de “panorama” nos hace perder lo exacto y el exceso de exactitud nos hace perder lo global. Hay que tener en la mente una especie de “zoom” para que vea de lejos, vea de cerca y luego vea el conjunto integrado. Solamente de esa manera se pueden enfocar –valga la palabra– adecuadamente los problemas y tratar de resolverlos.
Es por eso que un concepto estratégico basado en la integración de las visiones resulta ser tan importante. Cuando se lo tiene y se lo usa, cabe esperar buenos resultados. Cuando nos perdemos en las inmensidades del bosque o en la maraña de los detalles, estamos decididamente actuando mal. La diferencia que marca la historia entre los grandes estrategas, los grandes conductores, los grandes descubridores y los grandes estadistas con los malos y mediocres, reside justamente en la mayor o menor capacidad de tener una visión integral.

Así, pues, a sacarnos los bifocales mentales e intentar integrar la visión de las cosas. Es un procedimiento que funciona. Se los aseguro.

 

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