DOS TERCIOS: CONSTITUCIONALES Y DE SENTIDO COMÚN

Mientras, por lo menos hasta el momento de escribir estas líneas, el gobierno sigue empeñado en violar las leyes (que juró hacer cumplir) en lo concerniente a los dos tercios -desconociendo la Ley de Convocatoria a la Reforma Constitucional y la propia Constitución Política del Estado-, conviene recapitular que más allá de las normas vigentes, que son explicitas y claras, prevalece el sentido común, inclusive en el contexto internacional.

Sin ir muy lejos, un ejemplo reciente es el referido a las votaciones para ocupar un asiento temporal en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Como es sabido, al no ponerse de acuerdo sobre una candidatura única el Grupo Latinoamericano y del Caribe (GRULAC), se presentaron ante la Asamblea General Guatemala y Venezuela. Los votos a favor del candidato centroamericano fueron 56 veces favorables, pero nunca alcanzaron los dos tercios de los 191 países miembros de la ONU, requisito imprescindible para acceder al preciado asiento en el Consejo de Seguridad. Al final y luego de las infructuosas votaciones, se optó por un tercer candidato de “consenso” y resultó elegido Panamá.

En la ONU no se vota el “paquete completo” por los dos tercios (como pretende el MAS para el texto constitucional) sino  se vota por cada país y por cada candidato, o sea, el equivalente de cada artículo de la nueva Carta Magna. Es la única manera de hacer prevalecer algo mucho más sólido que una simple votación única por todos los miembros y al ser para cada país, también se hace imprescindible contar con el 75% de aprobación cada vez que se vota.

Este simple ejemplo ya debería servir para hacer caer todo el andamiaje montado por el gobierno boliviano en torno a la mayoría absoluta. Recientemente, el propio Parlamento Andino ha recomendado que se sostenga lo establecido en el texto constitucional, es decir, los dos tercios. Pese a todo, la actual administración sigue con su insistencia en la simple mayoría absoluta y con ello está provocando fisuras casi irremediables en el frágil tejido de la sociedad boliviana.

No todo es marchas ni “movimientos sociales”: el ejercicio democrático es mucho más profundo; tiene tanto formas como fondos y contenidos. Si se tratara simplemente de mayorías, de expresiones callejeras o de concurrencia a las elecciones, vaya y pase, pero resulta –y vale reiterarlo para los que se olvidan- que la democracia es mucho más que eso: es una forma de vida,  es un fin en si mismo y de ninguna manera un mero trampolín para modificar su esencia. En este ámbito, el respeto a las minorías es fundamental y la procura de un consenso válido más imprescindible que nunca, sobre todo si se trata –nada menos- que de un cambio constitucional, una reforma. Y digo reforma porque de eso se trata, no de una “revolución democrática” como se reitera oficialmente. Las revoluciones pueden ser necesarias, pero cuando ocurren no son democráticas: son por definición violentas y el  grupo triunfador impone su criterio. En democracia hay reformas y ellas pueden ser tan profundas que con el tiempo acabarán siendo revolucionarias y generadoras de cambios cualitativos, pero –insisto- no hay tal revolución; lo que hay es un proceso democrático, dentro de la democracia y con democracia.

Que se acabe la arbitrariedad y retorne el sentido común aunado al respeto a la ley. Bien poco se pide, pero esto hay que pedirlo y exigirlo en forma inclaudicable. Ojalá el gobierno así lo entienda y se logre una pauta concertada. Todos esperamos y confiamos en que esto suceda pronto, no podemos vivir de convulsión en convulsión. Nadie niega los procesos de cambio, tan sólo se pide que se efectúen con la ley en la mano y con respeto por la diversidad nacional.

 

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