CUIDADO DRAGÓN, LLEGA EL ELEFANTE

Todo el mundo anda muy impresionado con el crecimiento del dragón milenario (China). Sin embargo y pisándole los talones se viene el elefante, símbolo de la India, otro gigante asiático que asoma en el horizonte con su no menos espectacular crecimiento.

Sobre una superficie de 3.287.000 kilómetros cuadrados (séptimo en el “ranking” global), se extiende este enorme país de grandes contrastes  que tiene más de mil millones de habitantes. Se calcula que en 2015 (no falta mucho) superaría a China como el país más poblado del planeta. En términos absolutos, es además la cuarta potencia económica.
La República de la India es también la mayor de las democracias. Esta institucionalidad la diferencia nítidamente del dragón chino, donde aún el partido comunista mantiene un férreo autoritarismo en el marco de reformas económicas de libre mercado.

Aunque es un sitio de antiguas y venerables civilizaciones asentadas por milenios en la región de los valles hindúes, la India  recién fue “descubierta”  en el Siglo XVI por los navegantes portugueses. Luego de algunas pujas anglo-francesas, quedó definitivamente en manos del imperio británico, transformándose en su “perla colonial”.

Independiente desde el 15 de agosto de 1947, sufrió varios conflictivos procesos, entre ellos la desmembración de quien es su ahora acérrimo rival por la zona de Cachemira: Pakistán, con quien ha peleado varias guerras y sostiene una frágil paz armada. Por otro lado, como se sabe, Bangladesh se separó de Pakistán justamente como consecuencia de uno de los combates que sostuvo éste último contra la India.

Gran parte del subcontinente indio sigue ostentando niveles lamentables de marginalidad al lado de pocos bolsones de riqueza. Sin embargo, las cosas van cambiando; ahora su ingreso per cápita es superior a los 3.000 dólares (el triple que el de Bolivia) y con tendencia a seguir aumentando como consecuencia de las políticas de liberalización económica e incentivos a la inversión que se vienen aplicando exitosamente.

Hoy, la India es asiento de variados servicios multinacionales e industriales y la tendencia positiva persiste. Empero, todos los analistas coinciden en señalar que la India tiene  aún muchos puntos vulnerables que debe superar. Entre ellos, la vieja disputa con Pakistán, pero no menos apremiantes son los inconvenientes derivados de su fuerte crecimiento poblacional, de la degradación ambiental, de sectores espantosamente pobres y de múltiples divisiones étnico-religiosas. El panorama no es fácil, pero es superable.

La India forma parte –como lo mencioné tiempo atrás– del llamado “grupo BRIC” (Brasil, Rusia, India y China), formado por cuatro países de enorme extensión y altas tasas de desarrollo actuales. Están de moda.

La cantidad de idiomas y dialectos existentes es inmensa, pero en forma inteligente se optó por el inglés como lengua común y como medio de acceso internacional. Aquí no hubo regresión a cuestiones “originarias” ni  diatribas contra el idioma colonial ni nada por el estilo. Primó el sentido común; el hablar una lengua universal ni los disminuye ni achica los naturales sentimientos de identidad que cada grupo en la India pueda tener. Al final y como decían los geógrafos de la escuela francesa, lo que se precisa para construir una nación es un fuerte espíritu de ser colectivo, el que debe estar por encima de las diferencias que, en mayor o menor medida, se presentan en todas las latitudes sociales. Muchos ejemplos podríamos recoger de la India y ciertamente, bastante adecuados a la Bolivia del presente.

 

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