¿CONSTITUCIÓN O  PSEUDO ENCICLOPEDIA?

Estamos ”ad portas” del inicio de la Asamblea Constituyente. Como no se realizó una Pre-Constituyente que hubiera allanado las cosas, ahora resulta que todo se encuentra en trámite y con una frondosidad de temas que verdaderamente asombra, En lugar de “acotar” –como dicen los matemáticos- la temática esencial, se le han ido agregando asuntos y más asuntos. Hasta la posibilidad de firmar (o no) un tratado de libre comercio con los Estados Unidos (TLC) dicen que será trasladada a la Constituyente. Así, sucesivamente, se han ido incorporando diversas “iniciativas” y la lista puede seguir agrandándose…

En Bolivia las constituciones han tenido la tendencia a ser largas y sobre explicativas. Es por eso que tal vez hubieron tantas a lo largo del tiempo (17, casi una por cada diez años de independencia como promedio). En los países donde las constituciones han sido breves, como corresponde a una “ley de leyes”, han durado más. En algunos casos, solamente han ido sufriendo cambios y adaptaciones mediante enmiendas. Tal el caso de la Constitución de los Estados Unidos, claro paradigma en este campo. En Latinoamérica, una constitución que perduró por mucho tiempo fue la argentina de 1853, a la que se le hicieron algunas enmiendas en 1949 y en 1957. Luego se promulgó una nueva en 1994, la que aún es objeto de discusión, sobre todo por la “añoranza” de la que sobrevivió a lo largo de muchos cambios. Y no es de extrañarse, ya que la Constitución Argentina de 1853 también era breve; dejaba a las leyes que reglamentan su ejercicio la ampliación de temas vinculados con materias especificas. Por eso perduró más de un siglo, superando el “standard” latinoamericano en la materia.

Aquí no se puede inventar la pólvora. Todo cuerpo constitucional debe contener una parte (llamada “dogmática”) de deberes, derechos y garantías tanto del individuo como de la sociedad en su conjunto, como también definiciones elementales acerca del régimen político (unitario, federal, multiétnico, pluricultural, etc.). En segundo lugar existe la parte orgánica que estipula el funcionamiento de los órganos del estado, la división de poderes, atribuciones y responsabilidades de los gobernantes. Es el punto aquel en que se pone “en blanco y negro” aquella vieja definición del estado como la nación jurídicamente organizada. El estado se “organiza” en función de su constitución y esta es “política” por emerger del pueblo, de una voluntad política que prevalece sobre el derecho, pudiendo esta  voluntad crear, modificar y/o extinguir lo jurídico.

Otra tendencia en Bolivia ha sido el encasillar diversos regímenes “especiales” en el marco constitucional y con explicación detallada de los mismos, explicación que tal vez facilite procesos, pero también crea una rigidez que le quita flexibilidad a la Carta Magna, obligando a periódicas reformas constitucionales.

Los estados cambian, las circunstancias se modifican, el mundo se ajusta a nuevos procesos, pero como en el ínterin los países –por lo menos mayoritariamente sucede - permanecen, éstos deben ir adaptando su organización pero a su vez  dejando sanos huecos que se irán rellenando a medida que pasa el tiempo. De lo contrario, hay que modificar todo cada tanto, como ya dije, creando así una innegable situación de inestabilidad jurídica a lo largo del tiempo.

Es necesario que la Constitución para el tercer milenio sea una ley marco flexible y adaptativa, no una  pseudo enciclopedia larga, detallada y potencialmente confusa. Desafortunadamente y en mi modesta opinión, todo señala que Bolivia seguirá el segundo camino.

 

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