CHINA: FACILIDADES PARA LA INVERSIÓN EXTRANJERA

De acuerdo con noticias publicadas en medios internacionales, China continuará facilitando el ingreso de inversiones extranjeras a su inmenso territorio, pese al flujo ya creciente de las mismas y al hecho de que el fenómeno está inflando considerablemente sus reservas internacionales.

Hu Jingyan, alto funcionario a cargo del fomento a las inversiones en el Ministerio de Comercio, manifestó a la BBC de Londres el pasado abril que China “no cambiará” su política de estímulo a la inversión extranjera.

China recibió lo largo de 2004 y 2005 inversión extranjera directa por un monto superior a los 120 mil millones de dólares, cifra realmente asombrosa y de enorme magnitud, la que ciertamente da la pauta no solamente del fenomenal crecimiento chino sino también de cómo es ahora ese país la nueva tierra prometida para los inversionistas. A todo esto, el primer trimestre de 2006 ya registra inversiones por 14 mil millones de dólares, con lo cual y sobre la base de una simple tendencia, podemos inferir que a fines del presente año nuevamente volverá China a tener otro importante flujo inversor de similar magnitud al de los dos años anteriores.

Algunos analistas consideran, empero, que tales flujos han creado un aumento excesivo de reservas en moneda extranjera. Como réplica, se señala desde el gobierno que  si bien el nivel de reservas es alto (875 mil millones de $us), la relación per cápita no es tan elevada, ya que China tiene una población superior a los 1.300 millones de habitantes.

No se percibe, en el corto plazo, una saturación de inversiones. Parece que China seguirá siendo el principal receptor de capitales externos entre los países en vías de desarrollo y al mismo tiempo seguirá ostentando altísimas tasas de crecimiento.

Pese a que el régimen autoritario de Beijing aplica ciertas restricciones y limitaciones, brinda por otro lado sólidas garantías y amplia seguridad jurídica para los inversores, lo cual es un incentivo más a los ya naturales que ofrece China por el bajo precio de su mano de obra y por su propio gigantesco mercado.

¡Cuán lejos estamos en Bolivia del gran dragón del lejano oriente! Mientras las cifras chinas nos apabullan, acá la cosa es al revés: la inversión externa directa se ha ido achicando en los últimos tiempos, sobre todo ante la perenne incertidumbre y permanentes cambios de reglas del juego. Ojalá todo esto se termine pronto en nuestro país y de una buena vez se tenga transparencia para el inversor, con los cuidados necesarios desde el punto de vista nacional y soberano si se quiere, pero también dando al que pone la plata todas las facilidades para que opere tranquilo.

No existe país en el mundo capaz de crecer y desarrollarse por si mismo; el capital extranjero, la inversión externa directa, es y será imprescindible. Hay que saber atraerla, atesorarla y, sobre todo, no ahuyentarla. Capital que se va siempre arrastra a otros; el saldo termina siendo negativo para el país receptor en vías de desarrollo que precisa dinero para provocar cambios estructurales mediante inversiones adecuadas.

Buenos socios, de acuerdo. Nadie en su sano juicio quiere patrones en su propio territorio y de sus propios recursos, como dice el presidente Evo Morales, pero entonces busquemos a esos buenos socios y si ya los tenemos, cuidemos de ellos dándoles garantías plenas para su accionar, para sus inversiones. China da un claro ejemplo. Por ese sendero debe transitarse.

 

 

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