CHILE: COMPARANDO HACIA ARRIBA, NO HACIA ABAJO

Hace poco tiempo que asumió la presidencia de Chile Michelle Bachelet y todo parece indicar que el país trasandino continuará su marcha positiva, tal como lo ha venido haciendo exitosamente con las anteriores administraciones. El hecho es que Chile ha sufrido un genuino cambio cualitativo en los últimos años, habiendo superado el índice de pobreza en niveles significativos y acercándose al umbral del desarrollo propiamente dicho.

Dejando de lado en esta breve nota el candente tema marítimo boliviano –de legítima preocupación nacional y un desafío para encontrarle solución por parte de la nueva administración en Santiago– me referiré ahora a un término tal vez petulante usado por un chileno, pero que refleja la realidad del momento que vive ese país.

Según una entrevista publicada en “El Mercurio” del pasado 19 de febrero, el director del Instituto “Libertad y Desarrollo”, Cristián Larroulet, llama a subir el nivel de exigencia de Chile y a medirse con países como Nueva Zelanda, Estonia e Irlanda. “Me enferma que nos comparemos con América Latina”, sentenció.

Con el Programa de gobierno de Michelle Bachelet en su escritorio, Larroulet le recomienda a la nueva administración moverse rápido, porque el tiempo es corto. "Deben usar herramientas masivas, descentralizadas, que utilicen al sector privado para ser más eficientes, no pueden perderse en la burocracia". Y tiene propuestas concretas para temas clave, que permitirían a Chile alcanzar el umbral del desarrollo en el 2018.

Por muy arrogante que parezca la propuesta, tienen razón los chilenos  al no querer compararse  ya con América Latina. Tanto los seres humanos como las sociedades organizadas debemos compararnos en términos de emulación y no de consolación ni de conformismo, al estilo de decir "yo tengo dos granos pero por suerte mi vecino tiene cinco"... Lo ideal es tratar de no tener ningún grano y en general, ser el mejor o ­–por lo menos– acercarse al mejor.

Mientras en Chile se procura la emulación creativa y el camino ascendente de la superación, es preocupante que en otras latitudes –Bolivia entre ellas­– se pretenda siempre nivelar hacia abajo, procurando así un efímero y falso sentimiento de “igualdad” que al final ni es eso ni nada, sino mediocridad general y falta de voluntad  –o de estímulos– para subir peldaños en la escala de calidad.

La designación del gabinete de la presidenta Bachelet ya dio una clara pauta de sus intenciones: nombró a 10 mujeres y 10 hombres de amplia capacidad profesional, todos ellos políglotas y con títulos académicos sobresalientes. En otras palabras: un gabinete socialista moderno, orientado a la globalización, a la competencia con mercados externos y con la intención de seguir haciendo crecer a su nación.

Es bastante común el querer conformarse o el compararse hacia abajo, pero lo natural, ­aunque parezca antipático, es lo que se pretende ahora en Chile: buscar la excelencia, compararse con los de más arriba y así notar propios errores, corregirlos y tratar de llegar a la nueva meta. Cuando uno nivela hacia abajo o se conforma con lo poco, lo único matemático es que se está construyendo un ancho camino hacia la mediocridad institucionalizada o, peor, hacia la dañina envidia que siega el espíritu creador y pretende que todos sean “iguales” para tener una “sociedad justa”, falacia que no lleva a ninguna parte y hace que, más bien, todo termine siendo mucho más injusto.


Publicado en fecha:
31 de marzo de 2006
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

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