BENITO JUÁREZ: PRIMER PRESIDENTE

INDÍGENA DE AMÉRICA

De diversas fuentes –a las que cualquiera puede acceder– hago una breve pincelada del gran Benito Juárez, primer presidente indígena de  América. Al calor de los tiempos actuales, ya casi ni se lo menciona en el Cono Sur, aunque en  su tierra natal –México­– su figura es amada, venerada y  será siempre recordada.

Juárez nació en Oaxaca, el 21 de marzo de 1806.  Faltan, pues, pocos días para conmemorar los dos siglos de su venida al mundo. Benito habló solamente su nativo lenguaje zapoteco hasta la adolescencia. Luego aprendió castellano e ingresó a la Facultad de Derecho, donde se recibió de abogado. El mismo año de su graduación (1831) inició su carrera política en el Conccjo Municipal, para luego llegar a ser juez y gobernador de Oaxaca.

En 1853 Juárez fue exiliado por sus ideas progresistas, pero retornó en 1855 con el triunfo liberal frente a los conservadores y esta vez lo hizo como ministro de Justicia. Poco tiempo después fue promovido a Presidente de la Corte Suprema, equivalente a la vicepresidencia en el México de entonces. Cuando los conservadores se rebelaron en 1858, Benito volvió a abandonar la ciudad de México y se refugió en Vera Cruz hasta 1861, cuando retorna triunfante y como Presidente de la República. El mandatario suspendió los pagos de la deuda externa por falta de fondos fiscales, lo que ocasionó invasiones extranjeras, particularmente de España, Francia e Inglaterra. Los franceses capturaron la capital e impusieron –con la ayuda de infaltables traidores nativos– al archiduque austríaco Maximiliano, coronado como flamante “emperador” de México (1864).

Vino entonces la valiente lucha de Juárez contra la dominación extranjera de su suelo patrio. Desde la frontera con EE.UU. dirigió la campaña, la que terminó cuatro años después con la captura y ejecución de Maximiliano. Benito Juárez retornó triunfante a  ciudad de México y a la presidencia en 1867. Ganó las elecciones de 1871 y falleció el 18 de julio de 1872 por un paro cardíaco.

Defensor de la soberanía de su país, Juárez fue también un gran reformista. Respetuoso de la ley y de la propiedad privada, impulsó la modernización, el ingreso en la vida pública de los pueblos originarios y el fin de su discriminación; mejoró la salud y la educación al mismo tiempo que impulsó y concretó importantes reformas –como la de 1857– pioneras del constitucionalismo social y que le permitieron sentar las bases del México moderno. Por su defensa de las libertades humanas, defensa que sirvió de ejemplo a otros países, fue proclamado "Benemérito de las Américas". Y todo esto lo hizo  en el Siglo XIX y sin tantas lamentaciones acerca de la “exclusión”. Su coraje y talento,  unidos al sentido común, prevalecieron sobre todo y ante todo.

Al triunfar contra el invasor, Benito Juárez expresó: "Mexicanos: encaminemos ahora nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz. Confiemos en que todos, aleccionados por la prolongada y dolorosa experiencia de la guerra, cooperaremos en el bienestar y la prosperidad de la nación que sólo pueden conseguirse con un inviolable respeto a las leyes, y con la obediencia a las autoridades elegidas por el pueblo".

He aquí la breve semblanza de un indígena valiente, talentoso, nacionalista, patriota y ejemplar. Su figura y su memoria crecen con el tiempo y como faro de luz, como  verdadero ejemplo a seguir, sobre todo en esta América Latina que ya se asomó al tercer milenio  pero que –con escasas excepciones–, todavía no termina de encontrar su rumbo definitivo.


Publicado en fecha:
17 de marzo de 2006
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

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