ARMAS NO LETALES Y REALIDADES

En los últimos años se ha producido una verdadera revolución tecnológica en el campo militar, innovación que ya está superando -de lejos-  las concepciones que la contienda  del Golfo Pérsico y la invasión de Irak  pusieron en práctica entre 1991 y 2003. 
Me refiero a las armas no letales, armas capaces de producir daños  y carencias pero sin quitar vidas. Está disponible todo un fascinante campo de equipamiento tecno-militar no mortífero y es posible que se lo use en las posibles estrategias del futuro. 

Al final, ¿Qué se busca solucionar mediante un enfrentamiento?  Esencialmente se quiere aniquilar la capacidad de respuesta del potencial enemigo o someterlo rápidamente a nuestra voluntad con un mínimo costo en términos de recursos humanos  y materiales. Las nuevas armas no letales están en condiciones de crear situaciones de parálisis sin mortandad, algo francamente aceptable para todo el mundo, incluidos hasta los hipotéticos beligerantes.

Los piratas de la computación (“hackers”) han sido tal vez los primeros en usar armas no letales en este Siglo XXI globalizado. Si alguien se infiltra en redes de computadoras ligadas a la defensa, banca, sistemas financieros y/o empresariales,  puede provocar  un caos sin precedentes, tal vez un verdadero colapso, producto  de los mecanismos cibernéticos que hoy son componente sustantivo de diversas actividades en los países altamente industrializados. He aquí un típico ejemplo de arma no letal: destruye pero no mata.

Las  armas no letales ya concretadas, abarcan un amplio espectro.  Hay armas acústicas, biológicas, químicas, electromagnéticas, ambientales, de informática, mecánicas, ópticas, sociológicas, virus computacionales, etc., etc. Todas ellas tienen una particularidad fundamental:  no matan gente, aunque paralizan actividades, destruyen equipos, provocan incapacidad humana temporal, afectan a las comunicaciones o degradan  el medio ambiente.

Este nuevo panorama  tecnológico  de la industria bélica abre insospechadas posibilidades para evitar en el porvenir inmediato las tristes matanzas del pasado, pero también abre una ventana terrorífica de alcances tan vastos, que difícilmente podemos imaginarlos ahora. 

En el  gran marco de la estrategia político-militar que manejará el uso de las armas no letales,  pienso que debería insertarse  otro  marco no menos importante que cubra la totalidad de los aspectos morales y éticos a ser considerados.

En todo caso, si  las guerras del futuro no serán mortíferas, cabe un estudio cuidadoso de esta nueva situación, de suyo infinitamente mejor que la simple guerra destructora  del reciente pasado. Por otro lado, hay que ver quién y cómo controlará el arsenal de armas no letales y su uso, ya que muy bien podría tratarse de un nuevo esquema de dominación e intervención  que afecte a los países pobres o que, simplemente, sea ejercido  al capricho de las pocas potencias que monopolicen ese tipo de instrumentos bélicos "high tech".

Las armas no letales  asoman en la aurora de la nueva estrategia mundial. Habrá que esperar para saber que nos depararán en el futuro cercano. Mientras, las realidades “tercermundistas” de nuestra siempre convulsionada Bolivia nos tienen entre el “Máuser” publicitado por García Linera al rememorar sus épocas violentas  y el “M1” que aún usan los militares, ambas armas muy viejas desde ya, pero desgraciadamente también muy letales. Ojalá nunca se usen entre compatriotas.

 

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