GEOGRAFÍA: FACTOR ESENCIAL PARA LA ESTRATEGIA

Ni siquiera en la era presente de misiles nucleares, satélites e Internet, la vieja geografía  ha podido ser dejada de lado. Antes el marco ge­ográfico era  relativamente estático, mientras hoy la moderna tecnología  lo ha convertido en algo dinámico; ahora resulta posi­ble adaptar y modificarlo según conve­niencia y posibilidades.  No obstante estos innegables  avances, la geografía es muy importante en el análisis estratégico y aún sigue siendo inmutable en el muy corto plazo.

Etimológicamente, estrategia  significa conducir ejércitos  (por "stratos" y "agein",  ejército y conducción respectivamente).  En griego, "estrategos" significaba también lo que hoy llamamos "general". El concepto ha ampliado enormemente  su campo, ya que es común referirse a la estrategia en los ne­gocios, en la diplomacia, en la política y hasta en los asuntos personales.  En este sentido, estrategia es el conjunto de pasos planeados que se dan para  conseguir  un objetivo en fun­ción de las necesidades y recursos con que se cuenta, como también en función de los posibles movimientos del oponente, sobre todo cuando hay confrontación (militar, electoral, deportiva, etc.) La táctica,  mientras, sería  el con­junto de  secuencias menores, los "minipasos" que damos en coordinación con los fines estratégicos.

Si por un lado tenemos a la geografía y por el otro a la estrategia, veamos ahora cuáles son  sus vinculaciones. En el plano interno, resulta obvio que una estrategia de desarrollo nacional o regional deberá necesariamente tomar en cuenta al factor geográfico.  Habrá que construir carreteras y efectuar previamente los estudios de suelo; puentes y otras obras de  arte serán programados en relación directa con la geografía;  los  polos  de crecimiento a  insta­larse  tendrán que ser coherentes con las condiciones  geográficas para el desa­rrollo de las nuevas industrias, nuevos cultivos, etc.

En el plano internacional, las estrategias integracionistas entre países tendrán también mucho que ver con la geografía. La estrategia diseñada al efecto por un país, dos países o varias naciones, tendrá que conciliar criterios entre el plan  -que es  la estrate­gia en definitiva-  y los aspectos geográficos, tratando  de balancear ventajas y desventajas en función de los objetivos globales.  Por ejemplo, para construir una represa binacional, habrá que examinar -aparte de los aspectos intrínsecos que  ha­cen a la estrategia (financiamiento, ingeniería y otros)-,  las relaciones geográfí­cas mediante estudios de factibilidad  adecuados; si se inunda una zona, con el dique a crear deberá estudiarse la manera de evitar perjuicios o hacerlos mí­nimos y así sucesivamente.

También en el análisis del poder nacional, en su rivalidad  con otros po­deres nacionales, o sea, cuando se trata del conflicto y no de la coope­ración, la relación entre estrategia  y geografía es importante.  Desde los esta­dos más  pobres hasta las grandes potencias, todos se ven obligados a dimensio­nar  su concepto  estratégico contemplando la geografía y analizando los obstá­culos que ella plantea o la forma en que el progreso científico los puede anular, como asimismo ponderando ventajas y desventajas.

Las ideas estratégicas han variado sobre la base del énfasis que se le  ha dado a alguna de las particularidades  geográficas.  En este sentido, son clásicas las distinciones en­tre poder terrestre, aéreo y marítimo en la relación  entre estrategia y geogra­fía cuando ésta se realiza a nivel militar, pero esa será ya otra nota en el futuro, pues el espacio es implacable hasta en la página de los colaboradores… Tomemos nota sí de algo elemental: no hay estrate­gia posible sin geografía. Sin el conocimiento de la superficie terrestre, de sus mares, montañas, ríos y valles, no se puede planificar nada. No hay estrategia que valga si no se tiene a la geografía como ingrediente sustancial.

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