GEOGRAFÍA E IMAGINACIÓN ESTRATÉGICA

Como dije en  una anterior nota sobre este tema, las ideas estratégicas han variado en función del énfasis que se le ha dado a alguna de las particularidades  geográficas. En este sentido, son clásicas las distinciones en­tre poder terrestre, aéreo y marítimo en la relación  entre estrategia y geogra­fía, sobre todo cuando ésta se realiza a nivel  político y militar, a nivel de “gran estrategia”.

Justamente John M. Collins, en su libro "La Gran Estrategia" (Círculo Militar, Buenos Aires-Argentina), señala que "Tanto los hombres vestidos de civil como los uniformados encarnan hoy  asuntos estratégicos a nivel nacional".  A con­tinuación expresa: "La estrategia nacional emplea  reunidos todos los  pode­res de la Nación, tanto en la paz como en la guerra, para alcanzar los intere­ses y objetivos nacionales.  Dentro de ese contexto, existe una gran estrategia política que comprende los principales  temas internacionales e internos; una es­trategia económica tanto interna como externa;  una estrategia militar na­cional y varias otras". La suma de todas, conformaría la "gran estrategia" que satisface la salvaguardia de la seguridad del  Estado y el cumplimiento de las metas trazadas.

En todos los importantes enunciados de Collins sub­yace la geografía, ya sea en relación directa con la estrategia ("geoestrategia") o en términos de geopolítica: la vinculación entre el asentamiento geográfico y el  poder político, el correlato entre decisiones políticas y medio ambiente.

Tres voceros visionarios: Mahan, Mackinder y  Seversky, adelantaron   conceptos estratégicos ligados a la geografía y que hasta hoy y con las variantes que la  tecnología ha impuesto, siguen teniendo cierta vigencia.

Alfred T. Mahan centró su atención en los mares, en las aguas saladas que  cubren tres cuar­tas partes del globo terráqueo;  sostuvo que el  dominio de los océanos era esencial para controlar la riqueza del mundo y dominar la tierra.  Halford J. Mackinder, a  principios del siglo  XX y poco después de Mahan, enfatizó la importancia estratégica de la masa terrestre en  oposición  a los mares.  Son clásicas ya en el pensamiento geopolítico  las definiciones de Mackinder sobre  "isla mundial",  área  pivote o "heartland" y sus conceptos sobre crecien­tes interiores y exteriores, aspectos sobre los cuales me explayé en enero de 2004, al cumplirse el centenario del famoso discurso de Mackinder ante la Royal Geographic Society.

El advenimiento del poder aéreo  insertó una tercera dimensión.  Alexander  Seversky propuso la teoría de que la supremacía aérea integral es posible y necesaria.  Su libro fue escrito antes de la existencia de los cohetes balísticos intercontinentales; pronosticaba  que "El destino manifiesto de los  EE.UU. está en los cielos". El tiempo probó que el dominio aéreo –importante como es– no resulta condición necesaria y suficiente. Estados Unidos dominó los cielos en Vietnam y aun así fue derrotado…

Contemporáneamente, se ha hecho necesario integrar  estas dimensio­nes en un enfoque estratégico interrelacionado, ya que la situación actual im­pone amplia flexibilidad en los tres dominios.  Asimismo, hay combinaciones novedosas como las de los satélites, que son aéreos pero con conexión hacia servicios terrestres más los  ya citados cohetes y misiles, ultramodernos y sofisti­cadísimos, que pueden ser lanzados por aire, mar y tierra.  Agreguemos los submarinos nucleares, con capacidad devastadora  de ataque y sorpresa desde el fondo del mar hacia la superficie y el espacio aéreo, y tenemos  otra dimen­sión combinada de las tres  ponencias tradicionales.

Lo que importa destacar es que mientras más avanza la tecnología y a medida que la imaginación estratégica también se hace más  compleja, la geo­grafía, el espacio interior y exterior que alberga a la humanidad, sigue siendo el término básico de referencia. Sin espacio no hay nada, sin espacio nada es posible.

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