BOLIVIA: EL RETORNO DE LA PLANIFICACIÓN

La nueva Ley de Organización del Poder Ejecutivo (LOPE) ha recreado la figura de un ministerio encargado del planeamiento nacional, esta vez con el nombre de “Planificación del Desarrollo”. Como en toda obra humana, serán los resultados quienes den al final su implacable veredicto pero, en todo caso, conviene recapitular acerca del tema y de las especiales experiencias bolivianas del pasado en ese contexto.

El último ejercicio  verdaderamente prospectivo que se realizó en nuestro país fue la “Estrategia para el Desarrollo Nacional 1971-1991” y nunca se supo, al final, que pasó con ella, qué elementos eran útiles, etc. Este estudio se ha “perdido” en las agitadas aguas de nuestra política interna, sin haber aquilatado con objetividad sus alcances, pese a haber sido el  primer trabajo global  realizado en nuestro país con los más modernos mecanismos de planificación existentes en esos tiempos.

La estrategia para el desarrollo fue fruto de la idea de un brillante intelectual cruceño que en esa época tenía solamente 29 años: José Ortiz Mercado, Ministro de Planificación (en 1969) y anteriormente Diputado Nacional, luego Ministro de Defensa, ex Canciller, perenne defensor de la soberanía nacional sobre los recursos naturales y en las últimas etapas de su ilustre vida, dedicado a la noble tarea de ser catedrático a tiempo completo como formador de juventudes. José, sensiblemente, ya ha fallecido. Se nos fue en la época en que Bolivia más necesitaba de su talento, cuando más nos hacía falta. En fin, así es el destino. 

Pues, bien, José Ortiz y su grupo de colaboradores de ese entonces, entre los que destaca Flavio Machicado, tuvieron visión estratégica y llevaron a cabo un trabajo que el tiempo ha convertido en paradigma. Desde el Ministerio de Planificación, planificaron de verdad.

 Reiterando y como ha sucedido con tantos otros estudios nacionales,  la estrategia se perdió en el polvo de los archivos olvidados y no se la ejecutó nunca. Ella fue pionera en su campo y aún en nuestros días –transcurridas ya más de tres décadas– muchas de sus apreciaciones siguen siendo correctas. Es así entonces como a fines de 2002, señalé en un artículo alusivo a mi amigo José Ortiz que  “valoramos  hoy la estrategia de 1971 no  solamente por lo que fue en su momento sino por lo que puede ser en el futuro, obviamente cambiando lo que hay que cambiar y con la natural adaptación a tiempo y espacio presentes y del inmediato porvenir”.

Importante, como es –reitero– no olvidar lo sucedido, los difíciles momentos que vive ahora  el planeta  obligan  que los países piensen seriamente en su futuro. Bolivia, con su inmenso territorio y su escasa población, puede resultar siendo uno de las naciones verdaderamente bendecidas para una transición feliz a lo largo de este Siglo XXI, pues una adecuada explotación de nuestros recursos naturales y una sólida estabilidad política podrían darnos  el ansiado  cambio cualitativo para progresar social y económicamente. Una Bolivia con sus clases dirigentes inoperantes y disfuncionales, estaría sujeta a situaciones límites harto peligrosas en este conflictivo mundo globalizado.

De ahí entonces, la necesidad urgente de enfocar los problemas  con visión prospectiva, con un concepto estratégico claro. De ahí, también,  la importancia del nuevo ministerio a cargo de la planificación. Su éxito o fracaso serán determinantes para el futuro nacional.


Publicado en fecha:
24 de marzo de 2006
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

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