ALGUNOS TEMAS DE POLITICA EXTERIOR

Por: Agustín Saavedra Weise

La política exterior de Bolivia refleja por un lado las legítimas aspiraciones y el interés nacional de la República. Por el otro, es un hecho que se encuentra limitada en su capacidad por algunas desventajas estructurales que tiene nuestro país, entre ellas su dependencia externa en materia de créditos concesionales y cooperación internacional.

Así como es común repetir el dicho de que la política exterior es el reflejo de la política interna, bajo algunas circunstancias también podríamos decir en Bolivia que la política interior (y exterior) refleja en parte las presiones externas del país.

En todo caso y más allá de la coyuntura política, la nación tiene intereses y objetivos permanentes, los que han ido plasmando con el tiempo una política de estado en materia de política exterior.

Vivimos una era globalizada y con los tremendos desafíos que ella acarrea, tomando en cuenta que dicha globalización genera elementos tanto positivos como negativos.

La legítima demanda boliviana de un retorno al mar para romper así su forzado enclaustramiento que se viene arrastrando desde 1879, es uno de los elementos clave en el diseño inteligente de nuestra política exterior. Por otro lado, la relación de Bolivia con su periferia inmediata es fundamental. En este campo, debe mantenerse el fortalecimiento de los vínculos nacionales con los países limítrofes, como también con los esquemas integracionistas de la Comunidad Andina y del Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

Una política exterior orientada sobre cánones tradicionales pero con visión del Siglo XXI resulta ser imprescindible, como también debe mantenerse el sano y tradicional postulado diplomático boliviano de ser tierra de contactos y gravitaciones múltiples, verdadera bisagra de la integración sudamericana.

Y en el campo de la integración, debe tomarse en cuenta que por estar Bolivia en el centro del sudcontinente, su territorio es parte fundamental de los ejes interoceánicos programados por la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). En la medida en que todos los proyectos de IIRSA se vayan concretando, Bolivia será verazmente un nexo crucial de la integración regional.

Esa misma integración debe darse por el lado energético. Recordemos una vez más que el camino de la Unión Europea se construyó a partir de la Comunicad del Carbón y del Acero, siendo la energía pivote fundamental. Con las segundas reservas probadas de gas más grandes de Sudamérica, nuestro país está llamado a ser factor preponderante de la futura integración energética, en la medida en que se genere confianza y se diseñe una política exterior e interior inteligente en este vital campo para el futuro de Bolivia.

Por otra parte, Bolivia ha sostenido, sostiene y sostendrá excelentes relaciones en el ámbito latinoamericano, como también con Europa, el Japón y ahora la China. En este contexto, resulta crucial el manejo adecuado de las relaciones externas con los Estados Unidos de América, superpotencia dominante y líder mundial. Lamentablemente, gran parte de los vínculos bolivianos con EE. UU. han estado signados por el tema del narcotráfico. Importante como es luchar contra ese flagelo y su propagación, la política exterior de Bolivia hacia EE.UU. debe extenderse hacia otros horizontes. En la actualidad y como es sabido, Estados Unidos impulsa vigorasamente la formación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En la última reunión Cumbre de Mar del Plata han surgido numerosas voces a favor y en contra de ese proceso. Bolivia –sobre la base de su estricto interés nacional– debe definir pronto su futuro paso de acción en torno al ALCA, aquilatando debidamente sus ventajas y desventajas, proceso que tengo entendido se encuentra en curso.

Quedan muchos temas pendientes en la agenda de una política exterior adecuada a los tiempos que corren, pero los parámetros fundamentales son los someramente esbozados. Lo importante es tener los mecanismos concretos que puedan poner en práctica una inteligente política exterior mediante su brazo ejecutor fundamental, que es la diplomacia. Mucho se ha avanzado en lo institucional, pero todavía gran parte de los cargos diplomáticos son distribuidos festivatoriamente como parte de botines políticos. Esto tiene que superarse.

Una Bolivia democrática, bien organizada y con sus instituciones en proceso de fortalecimiento, podrá crear condiciones aptas para una sana proyección externa del país, maximizando las potencialidades y minimizando las limitaciones. No hay nada que inventar, pero sí mucho por hacer y mejorar en la próxima etapa que se iniciará a partir de la asunción al mando del nuevo gobierno constitucional, en enero de 2006.

 

 

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